“Tsssssss”. “Tsssssss”:
un cosquilleo, a priori agradable, precedió el zumbido sobre mi oreja izquierda.
Me incorporé en la cama y encendí la luz. No veía nada, pero estaba seguro de
que había un mosquito cerca de mí. Además, me picaba la mano, la izquierda;
cerca del pulgar tenía un círculo recién enrojecido. Me levanté, algo aturdido,
y fui al baño con la esperanza de que a la vuelta este molesto insecto se
hubiera ido. Para facilitar su salida abrí la puerta de par en par (nunca
entendí esta expresión, vivo solo).