La beca de iniciación a
la investigación permite una primera aproximación al conspicuo y gratificante
mundo de los estudios literarios. Al versar el máster que estudio sobre dicha
rama humanística, aprender a manejar la bibliografía oportuna, reflexionando
sobre los autores y obras, se antoja esencial en los primeros pasos de tan
ardua labor como es la investigación.
De esta manera, podría
esclarecer algunos interrogantes e inquietudes sobre el tema en el que me
interesaría centrarme: “la poesía mexicana contemporánea (1950-2000)”;
comprobando, del mismo modo, si se cumple mi hipótesis inicial: los textos de
esta época están influidos de forma diáfana por los problemas sociales. Y es
que las consecuencias de la Revolución Mexicana (1910); el exilio de
numerosos españoles a México tras la Guerra Civil Española (1936-1939); las
repercusiones de la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945); y, sobre todo, la matanza
de Tlatelolco (1968), fueron creando un clima de inestabilidad, denuncias y
revueltas del que ‒como no podía ser de otra manera‒ bebió el género literario
que nos ocupa. Porque la poesía no es simplemente “renglones sin terminar”
‒como maldicen algunos‒, sino el máximo canto a la libertad de un pueblo.
El ingente número de
poetas mexicanos de la segunda mitad del siglo pasado ‒motivado quizá por la
creación de distintos y valiosos premios literarios‒ obliga a centrar nuestra
investigación en tres nombres y en algunas de sus correspondientes obras: José
Emilio Pacheco (1939) ‒Los elementos de
la noche (1963), No me preguntes cómo
pasa el tiempo (1969) e Islas a la
deriva (1976)‒; Homero Aridjis (1940) ‒“Los ojos desdoblados” (1960),
“Ajedrez-Navegaciones” (1969) y “El poeta en peligro de extinción” (1992) ‒; y
Vicente Quirarte (1954) ‒Calle nuestra
(1979), Vencer a la blancura (1982) y
La luz no muere sola (1987)‒.
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Homero Aridjis |
El plan de trabajo se
estructuraría a lo largo de los seis primeros meses del año 2013 que dura la
beca de iniciación a la investigación: durante todo el mes de enero me ocuparía
de organizar la bibliografía pertinente que está más estrechamente relacionada
con los poetas a tratar (José Emilio Pacheco, Homero Aridjis y Vicente
Quirarte); en febrero destinaría la primera quincena al contexto sociopolítico
de la segunda mitad del siglo XX en México, mientras que la segunda iría
enfocada a la lectura de las principales obras ‒anteriormente esbozadas‒; de
este modo, en marzo ya iría clarificando las ideas sociales en relación con
esta poesía ‒tal y como mencionaba en la hipótesis inicial‒, y esquematizaría
los puntos sobre los que trataría nuestra investigación; así pues, los meses de
abril y mayo concentrarían la redacción del trabajo que tendría el siguiente
membrete: “Poesía mexicana contemporánea como `poesía social-comprometida´:
José Emilio Pacheco, Homero Aridjis y Vicente Quirarte”. Finalmente, en junio
repasaría las ‒alrededor de‒ cien páginas que ocuparía esta investigación,
puliendo detalles de expresión y atento siempre a las novedades que sobre este
tema fueran apareciendo. Durante este proceso me basaría en la taxonomía que
presenta la Historia de la Literatura
Hispanoamericana de Trinidad Barrera (coord.) sobre los tres autores en
cuestión.
Sin embargo, ello no
quiere decir que nos olvidemos de otras figuras coetáneas como Carlos Pellicer
(1897-1977), Manuel Maples Arce (1898-1980), Octavio Paz (1914-1998), Rubén
Bonifaz Nuño (1923), Rosario Castellanos (1925-1974), Jaime Sabines (1926), Max
Rojas (1940) y Gloria Gervitz (1943), entre otros. Ya que la poesía es un continuum difícil de estratificar, donde
todo se empapa de todo.
Espero pues, mediante
este breve proyecto, haber mostrado mis motivaciones respecto a uno de los
temas que mejor aúna mis intereses: la poesía y México. Por último, pienso que
poseo las ganas de trabajar y la flexibilidad de horario tan necesarias y
trascendentes en esta dedicación.