viernes, 6 de mayo de 2016

Violencia machista: un (o)caso

De la muchacha de al lado lo sé todo.
Vicente Quirarte


Llevo un par de años viviendo en el Edificio Gallo Rojo y mi vecina sufre violencia machista, pero no lo reconoce. Informo a continuación de lo que sé para que la policía tome las medidas oportunas antes de que sea demasiado tarde (teniendo en cuenta que ya lo es).

            En octubre de 2014 me instalé en la habitación interna, es decir, la que está junto al 7º C y a un par de metros del ascensor. La construcción surgió en el Boom inmoviliario, por lo que las paredes son delgadas y obliga a escuchar lo que ocurre al otro lado. Son importantes las fechas para lo que denuncio, pero no las puedo concretarlas, ya que no fui consciente hasta ahora del peligro que se vivía en la vivienda continua (es decir, en el 7º C).
            Puede que la violencia machista que denuncio tuviera lugar antes del otoño de 2014 y durante partes del día a las que no me referiré por estar ausente. Obviamente, solo puedo contar lo que escuché desde que me alojo aquí por temporadas.
Durante este tiempo, suelo pasar el día en la universidad y de 12 a 7 intento dormir, pero no puedo. Primero escucho unos tacones, más tarde el timbre (varias veces) que precede a dos portazos: el de entrada y el de salida. Las visitas solían durar no más de una hora y en todas se escuchaban gemidos. Hacer el amor es bueno y aconsejable, pero aquí se folla por dinero. ¿Por qué decimos esto? Las pistas nos las da lo que vamos narrando.
            Hubo un tiempo en el que un perro complementaba estas prácticas, muy frecuentes sobre todo en fin de semana. Sorprende que el animal no ladrara ante los golpes, los cristales rotos, los gritos de socorro y las amenazas de muerte. Sí que se escuchó en alguna ocasión el llanto de un niño.
            Decíamos que el problema venía tras el sexo. Normalmente, cada martes a eso de las 4 de la madrugada sonaba el ascensor, paraba en el séptimo y los tacones de ella y las zapatillas de él se unían. A veces se descalzaban juntos, pero siempre se calzaban (en su 11ª acepción). Hablan de dinero y las palabras más repetidas suelen ser "puta", "chupa" y "matar". ¿Quiénes son estos individuos? No lo sabemos, Pocas veces se dirigen el uno a la otra sin insultos. Ella alguna vez lo ha llamado Simón. Y en momentos aislados han preguntado por Laura. Viven de alquiler y los caseros se desentienden de las denuncias que aquí resumimos para pedir ayuda e intentar que ella no sufra más violencia por parte de él o ellos.
            Varias veces llamamos al número del maltrato (061) y a la policía de El Campello. La Guardia Civil intentó entrar al piso, pero ella se niega a eso y a denunciar el maltrato. Resulta paradójico, pues cuando sufre los golpes, pide auxilio y grita "voy a llamar a la policía"; pero una vez allí, la víctima esconde al agresor, intercambiando los papeles.
            Uno de los últimos testimonios del perro, alertando quizá a la policía, fue cuando se escapó y la patrulla lo intentó regresar. Ella, nuestra vecina, se acercó a nuestra puerta para recriminarnos que llamáramos a la policía con un lenguaje ofensivo y violento, el mismo que escucha cada noche.
            Esta fue la segunda vez que mantuvimos contacto con quien vive (si la dejan) junto a nosotros (si nos deja). La primera fue también de noche (cómo no). Alguien (después entendimos que se trataría de un cliente), se quedó encerrado en el ascensor. Ella golpeaba las puertas metálicas y pedía ayuda, una vez más.
            Creemos que es el momento de poner fin a este acoso. No existe relación entre nosotros. Nos rehúye. Hemos dedicido pues, denunciar la situación. Obviamente, nos fijamos en el agresor o los agresores que ejercen violencia, física, sexual y psíquica con ella. Creemos que ella ya no goza de sus facultades mentales. Ellos nunca lo hicieron. Niega la violencia machista. Cuando se encaró con nosotros dijo que a ella le gustaba echar un buen polvo con esa violencia. Que no nos preocupáramos por ella. ¿Cómo pueden echar un polvo desde la distancia (pues los gritos se escuchan en distintas zonas)? ¿Cómo puede disfrutar llorando? ¿Qué placer causan los cristales rotos?
Hoy me desperaron las paredes. Temblaban por los golpes de quien intentaba entrar al piso. Se ha roto el timbre y la fuerza confirma su salvajismo a oscuras. Hoy empleó un calificativo nuevo: "Barata". Lo repitió varias veces en su acento extranjero. Resulta curioso que alguien se dirija de este modo a la persona que compra.
            ¿Qué podemos hacer antes de que haya una víctima más por violencia machista?
Antes eran los martes a las 4 de la madrugada. Después los jueves y los domingo, casi al alba. Ahora a todas horas.

            Ayer la policía entró por fin en casa de mi vecina. Ya no gritaba. Lo primero que vi de ella fueron sus pies. Sin tacones. Salió en una camilla con el rostro rojo y las manos blancas. No se movía. Yo sí.

            Me desperté entre gritos y decidí que esto tenía que parar(se).

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